...
-Estás tan ebrio que ni quiera sabes cómo te llamas- le dije riendo. Nuestra curiosa forma de caminar balanceándonos era graciosa y me causaba aún más gracia lo estúpida que parecía caminando por ahí a las 4 de la mañana y helando.
-Por suerte, tú aún sabes mi nombre, ¿cierto?- me preguntó con una sonrisa boba en la cara.
-Supongo que sí- contesté mientras me recargaba en la pared de un edificio, sin darme cuenta estaba cansada, llevábamos quizá unos 20 minutos caminando. –No aguanto los tacones-expresé.
-Pues quítatelos- me contestó riendo.
-No recuerdo haber pedido tu opinión-
-Como digas- me dijo aún con esa boba sonrisa en su rostro. –Estoy ebrio, pienso poco… y tengo frío y a una chica que no aguanta los tacones… llamaré para que vengan por nosotros- me dijo.
-Para estar ebrio, cavilas bien- comenté.
-Espera, ¿cuál era el número?- me preguntó riendo.
Puse mis manos en mi rostro en señal de evidente decepción mientras él se sentaba en la acera.
-No es verdad, bromeo- se retractó y un segundo después me sentaba junto a él.
-¿Sí? ¿Bueno?- decía al teléfono. –No sé en donde estoy- tapó la bocina y me miró.
-¿Sabes en dónde estamos?- preguntó.
-Solo hemos caminado un par de cuadras, seguimos en los alrededores- le dije. Él asintió y dio las instrucciones al teléfono, una vez que colgó se quedó mirando al infinito y yo abracé mis rodillas, una brisa helada pasó y me estremecí un poco, además me sentía soñolienta.
-Creo que se me comienza a bajar un poco- comentó unos segundos después. –Mi cabeza va a reventar-
-¿En serio?-le pregunté con sarcasmo-La mía se siente como si me hubieran pegado con un bate de beisbol-
-¿Te han pegado alguna vez con uno?- me preguntó y la sonrisa boba se puso de nuevo en su rostro
-No- dije riendo. –Y no se te ha bajado nada- agregué. –Tu sonrisa boba te delata más que mí forma de arrastrar las palabras.-
-¿Puedo tomarte la mano?-me preguntó súbitamente. Le dediqué una mirada extrañada y me enderecé, al final le mostré mi mano, el pareció complacido y la tomo con delicadeza con sus largos dedos entrelazándose con los míos. Nos quedamos así en silencio sin decir nada y sin mirarnos,cualquiera pensaría que resultaba ser un momento incómodo para ambos. Unos minutos después un auto blanco frenó frente a nosotros.
-Vamos- me dijo levantándose con lentos movimientos jalando un poco mi mano, subimos al auto.
Miré a un chico que me observó por el retrovisor con una risueña mirada, la calefacción del auto era reconfortante y hacía que me diera mas sueño, a mi lado al parecer Tom se había rendido antes y tenía los ojos cerrados, intenté recordar el nombre del chico que conducía pero fue inútil, ahora que el sueño me seducía apenas y forzaba mis ojos para mantenerlos abiertos, él no hablo sólo arrancó sin decir más nada. Fui consciente de que llegábamos a algún lugar y después me sentía más cómoda al caer en una superficie blanda y acogedora, luego dejé de luchar más contra mis parpados que se abrían y se cerraban y me entregué por completo al sueño.
Cuando abrí los ojos aún me dolía la cabeza, no había nadie en la cama pero el lugar a mi derecha estaba tibio, por lo que deduje que alguien acababa de levantarse. Estaba yo ahí envuelta entre las sabanas con el mismo vestido de la noche pasada. Miré a mi alrededor, como pensé, no conocía el lugar. Me levanté y tomé mi bolso, saqué mi celular. Eran apenas las 8:30 de la mañana. Afortunadamente para mí y mi mágico bolso traía uno de mis cepillos dentales desechables, inspeccioné un poco la grande habitación, se parecía un poco a la mía… si así era la puerta de la derecha era la del cuarto de baño, lo comprobé con satisfacción, entre rápidamente me lavé los dientes, las manos y la cara. Salí de nuevo me puse los tacones, el saco negro y la boina, tomé el pequeño bolso entre mis manos y saqué los guantes de piel que venían dentro. Salí de la habitación, caminé por un pequeño pasillo y entré a un recibidor. Ahí sentado en un sillón negro se encontraba el chico recién levantado y tallándose los ojos con pereza.
-Buenos días- dije carraspeando un poco.
-Buenos días- me contestó. –Si vas mas al fondo hay un vaso de jugo y una aspirina esperándote- agregó señalando una puerta. Me dirigí hacía allá, entré a lo que parecía ser la cocina y como lo dijo, ahí estaba el jugo y la pastilla, la tomé y regresé en mis pasos.
-Muy amable de tu parte- dije mientras me sentaba junto a él.
-De nada- contestó, me miró y luego sonrió.
-¿Qué?- pregunté recargándome en el sillón.
-Eres la primera chica que conozco que luce sexy con resaca-
-Uh… supongo que debo decir gracias- le dije impresionándome más bien poco. El asintió con rostro de satisfacción.
-¿Me darás tu número?- preguntó después.
-Sí- contesté aunque sin ningún tipo de emoción en la voz.
Tanteó en el sillón y me dio su celular, tomé el mío que estaba en mi saco y se lo di, introducimos los números e intercambiamos de nuevo, luego como si leyéramos nuestros movimientos tocamos nuestras sienes y nos dejamos caer en el sillón mirando hacía el techo.
-Me gusta la decoración, muy… modernista- comenté.
-Lo eligió mi hermano- contestó-El buen gusto viene de familia por su puesto-
-Claro-contesté y me incorporé de nuevo. –Es hora de que me marche- anuncié. Se levantó con cautela y asintió. Pude observar que como yo el también traía puesta la misma ropa del día anterior, sólo que sin la sudadera que lo hacía lucir más ancho.
Caminé hacia el ascensor él iba detrás de mí, me detuvo antes de que presionara el botón para que las puertas del elevador se abrieran.
-Siento no recordar gran cosa- me dijo rascándose la barbilla.- ¿Hubo sexo ayer?-me preguntó de repente casi tomándome por sorpresa. Intente disimularla un poco escondiéndola tras una sonrisa.
-Te advertí que no tenías tanta suerte- le dije.
-Claro-dijo chasqueando la lengua. Después se acercó un poco y sin previo aviso unió sus labios con los míos y me dio un beso más o menos largo, en un principio pensé en resistirme pero después solo lo dejé ser, nos separamos con cautela y me miró con sus ojos castaños y una sonrisa galante.
-Eso es porque no todos los días duermo con una chica sin sexo de por medio- me dijo, entonces como respuesta yo me volví a acercar a él, devolviéndole el beso de hacía unos segundos, al separarme de él le mordí el labio inferior con cautela del lado contrario a su pearcing haciendo que éste se quejara un poco y se llevara los dedos al labio ahora un poco rojo, aún así me dedicó una mirada provocativa y placentera.
-Eso es, por la poca cortesía que demuestras cuando es hora de partir- le dije riendo y tocando el botón del elevador, el se recargó en el marco mientras las puertas se abrían, di un paso hacia adentro y le dirigí una última mirada, el sonrió de nueva cuenta mientras desaparecía entre las puertas que se cerraban poco a poco. Me puse los guantes de piel.
Cuando faltaban escasamente unos 10cm para que éstas se cerraran por completo una de sus manos las detuvo haciendo que se abrieran de nueva cuenta, sin darme tiempo a reaccionar cuando fui consciente de lo que pasaba ya estaba pegada contra las paredes del elevador y él me besaba apasionadamente, casi de un modo salvaje, una de sus manos tomaba con firmeza mi cadera mientras que con la otra tomaba una de mis piernas que se doblaba poco a poco hasta que su mano hizo un recorrido desde mi rodilla hasta mi muslo. Compartíamos nuestro ahora tibio aliento dedicándonos lascivas miradas cargadas de un toque de seducción que imploraba seguir con ello, una mirada rápida a los pisos del ascensor fue la alarma.
Estábamos por llegar a la planta baja. Nos separamos con cautela, su mano que yacía en mi pierna se deslizó hacia abajo de nueva cuenta y yo la baje hasta que se escuchó el ruido de mi tacón pegar contra el suelo, luego poco a poco y aún sosteniéndonos la mirada me dejó moverme y quitó su mano de mi cadera. Nuestra respiración era un poco entrecortada, el elevador seguía bajando y el no dejaba de mirarme.
Me alisé el saco y subí bien los guantes por mis muñecas justo cuando las puertas se abrían dejando pasar una brisa helada al que había sido hacía unos momentos un tibio y acogedor elevador. Con un brinquito gracioso salí. Miré que las puertas de la recepción estaban abiertas, al parecer había escarcha afuera y fue en parte culpable de la ráfaga helada que entró cuando se abrió el ascensor.
Él me miró sin expresión alguna en el rostro, luego cuando de nuevo estaba frente a él pero afuera, recargó su espalda y extendió los brazos en las paredes del elevador sosteniéndose de los tubos. Puso un pié en las puertas, y como tomando valor hablo:
-¿Y si te quedas a desayunar?- me preguntó.
-No, es hora de que me vaya- dije agachando un poco la vista fingiendo interés en la alfombra de la recepción.
-¿En dónde puedo encontrarte?-preguntó de nuevo pero ahora con un tono un tanto insistente, que lo delató haciéndolo parecer un poco desesperado. Cosa que yo intentaba controlar en mí. No sabía si hacía bien o mal, pero de repente las palabras salieron solas de mi boca…
-Kurfurstendamm 1501, Pent-house- sonrió triunfante y yo sin pensar, de nuevo me di la vuelta.
-Ambry- me llamó y automáticamente me detuve en seco.
-¿Segura que no te quedas a desayunar?- me preguntó con una leve risa.
-Absolutamente Tom- dije sonriendo torciendo un poco mi cuello para mirarlo y luego seguír con mi camino, escuché como se cerraban las puertas del elevador y su voz murmurando para sí mismo mi dirección.
Sonreía para mí misma mientras caminaba hasta donde la seguridad me abría la puerta de su edificio, saludándome con un amigable “Buenos días” caminé por la acera resguardándome del frío y acomodando mi boina.
No había doblado la esquina cuando un auto hizo que me sobre saltara, tocó el clac son en mi dirección y frenó junto a mí mientras la ventanilla se deslizaba hacia abajo.
-Por suerte, tú aún sabes mi nombre, ¿cierto?- me preguntó con una sonrisa boba en la cara.
-Supongo que sí- contesté mientras me recargaba en la pared de un edificio, sin darme cuenta estaba cansada, llevábamos quizá unos 20 minutos caminando. –No aguanto los tacones-expresé.
-Pues quítatelos- me contestó riendo.
-No recuerdo haber pedido tu opinión-
-Como digas- me dijo aún con esa boba sonrisa en su rostro. –Estoy ebrio, pienso poco… y tengo frío y a una chica que no aguanta los tacones… llamaré para que vengan por nosotros- me dijo.
-Para estar ebrio, cavilas bien- comenté.
-Espera, ¿cuál era el número?- me preguntó riendo.
Puse mis manos en mi rostro en señal de evidente decepción mientras él se sentaba en la acera.
-No es verdad, bromeo- se retractó y un segundo después me sentaba junto a él.
-¿Sí? ¿Bueno?- decía al teléfono. –No sé en donde estoy- tapó la bocina y me miró.
-¿Sabes en dónde estamos?- preguntó.
-Solo hemos caminado un par de cuadras, seguimos en los alrededores- le dije. Él asintió y dio las instrucciones al teléfono, una vez que colgó se quedó mirando al infinito y yo abracé mis rodillas, una brisa helada pasó y me estremecí un poco, además me sentía soñolienta.
-Creo que se me comienza a bajar un poco- comentó unos segundos después. –Mi cabeza va a reventar-
-¿En serio?-le pregunté con sarcasmo-La mía se siente como si me hubieran pegado con un bate de beisbol-
-¿Te han pegado alguna vez con uno?- me preguntó y la sonrisa boba se puso de nuevo en su rostro
-No- dije riendo. –Y no se te ha bajado nada- agregué. –Tu sonrisa boba te delata más que mí forma de arrastrar las palabras.-
-¿Puedo tomarte la mano?-me preguntó súbitamente. Le dediqué una mirada extrañada y me enderecé, al final le mostré mi mano, el pareció complacido y la tomo con delicadeza con sus largos dedos entrelazándose con los míos. Nos quedamos así en silencio sin decir nada y sin mirarnos,cualquiera pensaría que resultaba ser un momento incómodo para ambos. Unos minutos después un auto blanco frenó frente a nosotros.
-Vamos- me dijo levantándose con lentos movimientos jalando un poco mi mano, subimos al auto.
Miré a un chico que me observó por el retrovisor con una risueña mirada, la calefacción del auto era reconfortante y hacía que me diera mas sueño, a mi lado al parecer Tom se había rendido antes y tenía los ojos cerrados, intenté recordar el nombre del chico que conducía pero fue inútil, ahora que el sueño me seducía apenas y forzaba mis ojos para mantenerlos abiertos, él no hablo sólo arrancó sin decir más nada. Fui consciente de que llegábamos a algún lugar y después me sentía más cómoda al caer en una superficie blanda y acogedora, luego dejé de luchar más contra mis parpados que se abrían y se cerraban y me entregué por completo al sueño.
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Cuando abrí los ojos aún me dolía la cabeza, no había nadie en la cama pero el lugar a mi derecha estaba tibio, por lo que deduje que alguien acababa de levantarse. Estaba yo ahí envuelta entre las sabanas con el mismo vestido de la noche pasada. Miré a mi alrededor, como pensé, no conocía el lugar. Me levanté y tomé mi bolso, saqué mi celular. Eran apenas las 8:30 de la mañana. Afortunadamente para mí y mi mágico bolso traía uno de mis cepillos dentales desechables, inspeccioné un poco la grande habitación, se parecía un poco a la mía… si así era la puerta de la derecha era la del cuarto de baño, lo comprobé con satisfacción, entre rápidamente me lavé los dientes, las manos y la cara. Salí de nuevo me puse los tacones, el saco negro y la boina, tomé el pequeño bolso entre mis manos y saqué los guantes de piel que venían dentro. Salí de la habitación, caminé por un pequeño pasillo y entré a un recibidor. Ahí sentado en un sillón negro se encontraba el chico recién levantado y tallándose los ojos con pereza.
-Buenos días- dije carraspeando un poco.
-Buenos días- me contestó. –Si vas mas al fondo hay un vaso de jugo y una aspirina esperándote- agregó señalando una puerta. Me dirigí hacía allá, entré a lo que parecía ser la cocina y como lo dijo, ahí estaba el jugo y la pastilla, la tomé y regresé en mis pasos.
-Muy amable de tu parte- dije mientras me sentaba junto a él.
-De nada- contestó, me miró y luego sonrió.
-¿Qué?- pregunté recargándome en el sillón.
-Eres la primera chica que conozco que luce sexy con resaca-
-Uh… supongo que debo decir gracias- le dije impresionándome más bien poco. El asintió con rostro de satisfacción.
-¿Me darás tu número?- preguntó después.
-Sí- contesté aunque sin ningún tipo de emoción en la voz.
Tanteó en el sillón y me dio su celular, tomé el mío que estaba en mi saco y se lo di, introducimos los números e intercambiamos de nuevo, luego como si leyéramos nuestros movimientos tocamos nuestras sienes y nos dejamos caer en el sillón mirando hacía el techo.
-Me gusta la decoración, muy… modernista- comenté.
-Lo eligió mi hermano- contestó-El buen gusto viene de familia por su puesto-
-Claro-contesté y me incorporé de nuevo. –Es hora de que me marche- anuncié. Se levantó con cautela y asintió. Pude observar que como yo el también traía puesta la misma ropa del día anterior, sólo que sin la sudadera que lo hacía lucir más ancho.
Caminé hacia el ascensor él iba detrás de mí, me detuvo antes de que presionara el botón para que las puertas del elevador se abrieran.
-Siento no recordar gran cosa- me dijo rascándose la barbilla.- ¿Hubo sexo ayer?-me preguntó de repente casi tomándome por sorpresa. Intente disimularla un poco escondiéndola tras una sonrisa.
-Te advertí que no tenías tanta suerte- le dije.
-Claro-dijo chasqueando la lengua. Después se acercó un poco y sin previo aviso unió sus labios con los míos y me dio un beso más o menos largo, en un principio pensé en resistirme pero después solo lo dejé ser, nos separamos con cautela y me miró con sus ojos castaños y una sonrisa galante.
-Eso es porque no todos los días duermo con una chica sin sexo de por medio- me dijo, entonces como respuesta yo me volví a acercar a él, devolviéndole el beso de hacía unos segundos, al separarme de él le mordí el labio inferior con cautela del lado contrario a su pearcing haciendo que éste se quejara un poco y se llevara los dedos al labio ahora un poco rojo, aún así me dedicó una mirada provocativa y placentera.
-Eso es, por la poca cortesía que demuestras cuando es hora de partir- le dije riendo y tocando el botón del elevador, el se recargó en el marco mientras las puertas se abrían, di un paso hacia adentro y le dirigí una última mirada, el sonrió de nueva cuenta mientras desaparecía entre las puertas que se cerraban poco a poco. Me puse los guantes de piel.
Cuando faltaban escasamente unos 10cm para que éstas se cerraran por completo una de sus manos las detuvo haciendo que se abrieran de nueva cuenta, sin darme tiempo a reaccionar cuando fui consciente de lo que pasaba ya estaba pegada contra las paredes del elevador y él me besaba apasionadamente, casi de un modo salvaje, una de sus manos tomaba con firmeza mi cadera mientras que con la otra tomaba una de mis piernas que se doblaba poco a poco hasta que su mano hizo un recorrido desde mi rodilla hasta mi muslo. Compartíamos nuestro ahora tibio aliento dedicándonos lascivas miradas cargadas de un toque de seducción que imploraba seguir con ello, una mirada rápida a los pisos del ascensor fue la alarma.
Estábamos por llegar a la planta baja. Nos separamos con cautela, su mano que yacía en mi pierna se deslizó hacia abajo de nueva cuenta y yo la baje hasta que se escuchó el ruido de mi tacón pegar contra el suelo, luego poco a poco y aún sosteniéndonos la mirada me dejó moverme y quitó su mano de mi cadera. Nuestra respiración era un poco entrecortada, el elevador seguía bajando y el no dejaba de mirarme.
Me alisé el saco y subí bien los guantes por mis muñecas justo cuando las puertas se abrían dejando pasar una brisa helada al que había sido hacía unos momentos un tibio y acogedor elevador. Con un brinquito gracioso salí. Miré que las puertas de la recepción estaban abiertas, al parecer había escarcha afuera y fue en parte culpable de la ráfaga helada que entró cuando se abrió el ascensor.
Él me miró sin expresión alguna en el rostro, luego cuando de nuevo estaba frente a él pero afuera, recargó su espalda y extendió los brazos en las paredes del elevador sosteniéndose de los tubos. Puso un pié en las puertas, y como tomando valor hablo:
-¿Y si te quedas a desayunar?- me preguntó.
-No, es hora de que me vaya- dije agachando un poco la vista fingiendo interés en la alfombra de la recepción.
-¿En dónde puedo encontrarte?-preguntó de nuevo pero ahora con un tono un tanto insistente, que lo delató haciéndolo parecer un poco desesperado. Cosa que yo intentaba controlar en mí. No sabía si hacía bien o mal, pero de repente las palabras salieron solas de mi boca…
-Kurfurstendamm 1501, Pent-house- sonrió triunfante y yo sin pensar, de nuevo me di la vuelta.
-Ambry- me llamó y automáticamente me detuve en seco.
-¿Segura que no te quedas a desayunar?- me preguntó con una leve risa.
-Absolutamente Tom- dije sonriendo torciendo un poco mi cuello para mirarlo y luego seguír con mi camino, escuché como se cerraban las puertas del elevador y su voz murmurando para sí mismo mi dirección.
Sonreía para mí misma mientras caminaba hasta donde la seguridad me abría la puerta de su edificio, saludándome con un amigable “Buenos días” caminé por la acera resguardándome del frío y acomodando mi boina.
No había doblado la esquina cuando un auto hizo que me sobre saltara, tocó el clac son en mi dirección y frenó junto a mí mientras la ventanilla se deslizaba hacia abajo.
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