miércoles 15 de julio de 2009

Capítulo 2 -Jugando-




...

-Estás tan ebrio que ni quiera sabes cómo te llamas- le dije riendo. Nuestra curiosa forma de caminar balanceándonos era graciosa y me causaba aún más gracia lo estúpida que parecía caminando por ahí a las 4 de la mañana y helando.

-Por suerte, tú aún sabes mi nombre, ¿cierto?- me preguntó con una sonrisa boba en la cara.

-Supongo que sí- contesté mientras me recargaba en la pared de un edificio, sin darme cuenta estaba cansada, llevábamos quizá unos 20 minutos caminando. –No aguanto los tacones-expresé.

-Pues quítatelos- me contestó riendo.

-No recuerdo haber pedido tu opinión-

-Como digas- me dijo aún con esa boba sonrisa en su rostro. –Estoy ebrio, pienso poco… y tengo frío y a una chica que no aguanta los tacones… llamaré para que vengan por nosotros- me dijo.

-Para estar ebrio, cavilas bien- comenté.

-Espera, ¿cuál era el número?- me preguntó riendo.
Puse mis manos en mi rostro en señal de evidente decepción mientras él se sentaba en la acera.

-No es verdad, bromeo- se retractó y un segundo después me sentaba junto a él.

-¿Sí? ¿Bueno?- decía al teléfono. –No sé en donde estoy- tapó la bocina y me miró.

-¿Sabes en dónde estamos?- preguntó.

-Solo hemos caminado un par de cuadras, seguimos en los alrededores- le dije. Él asintió y dio las instrucciones al teléfono, una vez que colgó se quedó mirando al infinito y yo abracé mis rodillas, una brisa helada pasó y me estremecí un poco, además me sentía soñolienta.

-Creo que se me comienza a bajar un poco- comentó unos segundos después. –Mi cabeza va a reventar-

-¿En serio?-le pregunté con sarcasmo-La mía se siente como si me hubieran pegado con un bate de beisbol-

-¿Te han pegado alguna vez con uno?- me preguntó y la sonrisa boba se puso de nuevo en su rostro

-No- dije riendo. –Y no se te ha bajado nada- agregué. –Tu sonrisa boba te delata más que mí forma de arrastrar las palabras.-

-¿Puedo tomarte la mano?-me preguntó súbitamente. Le dediqué una mirada extrañada y me enderecé, al final le mostré mi mano, el pareció complacido y la tomo con delicadeza con sus largos dedos entrelazándose con los míos. Nos quedamos así en silencio sin decir nada y sin mirarnos,cualquiera pensaría que resultaba ser un momento incómodo para ambos. Unos minutos después un auto blanco frenó frente a nosotros.

-Vamos- me dijo levantándose con lentos movimientos jalando un poco mi mano, subimos al auto.

Miré a un chico que me observó por el retrovisor con una risueña mirada, la calefacción del auto era reconfortante y hacía que me diera mas sueño, a mi lado al parecer Tom se había rendido antes y tenía los ojos cerrados, intenté recordar el nombre del chico que conducía pero fue inútil, ahora que el sueño me seducía apenas y forzaba mis ojos para mantenerlos abiertos, él no hablo sólo arrancó sin decir más nada. Fui consciente de que llegábamos a algún lugar y después me sentía más cómoda al caer en una superficie blanda y acogedora, luego dejé de luchar más contra mis parpados que se abrían y se cerraban y me entregué por completo al sueño.



Cuando abrí los ojos aún me dolía la cabeza, no había nadie en la cama pero el lugar a mi derecha estaba tibio, por lo que deduje que alguien acababa de levantarse. Estaba yo ahí envuelta entre las sabanas con el mismo vestido de la noche pasada. Miré a mi alrededor, como pensé, no conocía el lugar. Me levanté y tomé mi bolso, saqué mi celular. Eran apenas las 8:30 de la mañana. Afortunadamente para mí y mi mágico bolso traía uno de mis cepillos dentales desechables, inspeccioné un poco la grande habitación, se parecía un poco a la mía… si así era la puerta de la derecha era la del cuarto de baño, lo comprobé con satisfacción, entre rápidamente me lavé los dientes, las manos y la cara. Salí de nuevo me puse los tacones, el saco negro y la boina, tomé el pequeño bolso entre mis manos y saqué los guantes de piel que venían dentro. Salí de la habitación, caminé por un pequeño pasillo y entré a un recibidor. Ahí sentado en un sillón negro se encontraba el chico recién levantado y tallándose los ojos con pereza.

-Buenos días- dije carraspeando un poco.

-Buenos días- me contestó. –Si vas mas al fondo hay un vaso de jugo y una aspirina esperándote- agregó señalando una puerta. Me dirigí hacía allá, entré a lo que parecía ser la cocina y como lo dijo, ahí estaba el jugo y la pastilla, la tomé y regresé en mis pasos.

-Muy amable de tu parte- dije mientras me sentaba junto a él.

-De nada- contestó, me miró y luego sonrió.

-¿Qué?- pregunté recargándome en el sillón.

-Eres la primera chica que conozco que luce sexy con resaca-

-Uh… supongo que debo decir gracias- le dije impresionándome más bien poco. El asintió con rostro de satisfacción.

-¿Me darás tu número?- preguntó después.

-Sí- contesté aunque sin ningún tipo de emoción en la voz.

Tanteó en el sillón y me dio su celular, tomé el mío que estaba en mi saco y se lo di, introducimos los números e intercambiamos de nuevo, luego como si leyéramos nuestros movimientos tocamos nuestras sienes y nos dejamos caer en el sillón mirando hacía el techo.

-Me gusta la decoración, muy… modernista- comenté.

-Lo eligió mi hermano- contestó-El buen gusto viene de familia por su puesto-
-Claro-contesté y me incorporé de nuevo. –Es hora de que me marche- anuncié. Se levantó con cautela y asintió. Pude observar que como yo el también traía puesta la misma ropa del día anterior, sólo que sin la sudadera que lo hacía lucir más ancho.
Caminé hacia el ascensor él iba detrás de mí, me detuvo antes de que presionara el botón para que las puertas del elevador se abrieran.

-Siento no recordar gran cosa- me dijo rascándose la barbilla.- ¿Hubo sexo ayer?-me preguntó de repente casi tomándome por sorpresa. Intente disimularla un poco escondiéndola tras una sonrisa.

-Te advertí que no tenías tanta suerte- le dije.

-Claro-dijo chasqueando la lengua. Después se acercó un poco y sin previo aviso unió sus labios con los míos y me dio un beso más o menos largo, en un principio pensé en resistirme pero después solo lo dejé ser, nos separamos con cautela y me miró con sus ojos castaños y una sonrisa galante.

-Eso es porque no todos los días duermo con una chica sin sexo de por medio- me dijo, entonces como respuesta yo me volví a acercar a él, devolviéndole el beso de hacía unos segundos, al separarme de él le mordí el labio inferior con cautela del lado contrario a su pearcing haciendo que éste se quejara un poco y se llevara los dedos al labio ahora un poco rojo, aún así me dedicó una mirada provocativa y placentera.

-Eso es, por la poca cortesía que demuestras cuando es hora de partir- le dije riendo y tocando el botón del elevador, el se recargó en el marco mientras las puertas se abrían, di un paso hacia adentro y le dirigí una última mirada, el sonrió de nueva cuenta mientras desaparecía entre las puertas que se cerraban poco a poco. Me puse los guantes de piel.

Cuando faltaban escasamente unos 10cm para que éstas se cerraran por completo una de sus manos las detuvo haciendo que se abrieran de nueva cuenta, sin darme tiempo a reaccionar cuando fui consciente de lo que pasaba ya estaba pegada contra las paredes del elevador y él me besaba apasionadamente, casi de un modo salvaje, una de sus manos tomaba con firmeza mi cadera mientras que con la otra tomaba una de mis piernas que se doblaba poco a poco hasta que su mano hizo un recorrido desde mi rodilla hasta mi muslo. Compartíamos nuestro ahora tibio aliento dedicándonos lascivas miradas cargadas de un toque de seducción que imploraba seguir con ello, una mirada rápida a los pisos del ascensor fue la alarma.

Estábamos por llegar a la planta baja. Nos separamos con cautela, su mano que yacía en mi pierna se deslizó hacia abajo de nueva cuenta y yo la baje hasta que se escuchó el ruido de mi tacón pegar contra el suelo, luego poco a poco y aún sosteniéndonos la mirada me dejó moverme y quitó su mano de mi cadera. Nuestra respiración era un poco entrecortada, el elevador seguía bajando y el no dejaba de mirarme.

Me alisé el saco y subí bien los guantes por mis muñecas justo cuando las puertas se abrían dejando pasar una brisa helada al que había sido hacía unos momentos un tibio y acogedor elevador. Con un brinquito gracioso salí. Miré que las puertas de la recepción estaban abiertas, al parecer había escarcha afuera y fue en parte culpable de la ráfaga helada que entró cuando se abrió el ascensor.

Él me miró sin expresión alguna en el rostro, luego cuando de nuevo estaba frente a él pero afuera, recargó su espalda y extendió los brazos en las paredes del elevador sosteniéndose de los tubos. Puso un pié en las puertas, y como tomando valor hablo:

-¿Y si te quedas a desayunar?- me preguntó.

-No, es hora de que me vaya- dije agachando un poco la vista fingiendo interés en la alfombra de la recepción.

-¿En dónde puedo encontrarte?-preguntó de nuevo pero ahora con un tono un tanto insistente, que lo delató haciéndolo parecer un poco desesperado. Cosa que yo intentaba controlar en mí. No sabía si hacía bien o mal, pero de repente las palabras salieron solas de mi boca…

-Kurfurstendamm 1501, Pent-house- sonrió triunfante y yo sin pensar, de nuevo me di la vuelta.

-Ambry- me llamó y automáticamente me detuve en seco.

-¿Segura que no te quedas a desayunar?- me preguntó con una leve risa.

-Absolutamente Tom- dije sonriendo torciendo un poco mi cuello para mirarlo y luego seguír con mi camino, escuché como se cerraban las puertas del elevador y su voz murmurando para sí mismo mi dirección.

Sonreía para mí misma mientras caminaba hasta donde la seguridad me abría la puerta de su edificio, saludándome con un amigable “Buenos días” caminé por la acera resguardándome del frío y acomodando mi boina.

No había doblado la esquina cuando un auto hizo que me sobre saltara, tocó el clac son en mi dirección y frenó junto a mí mientras la ventanilla se deslizaba hacia abajo.




•♥•|D|i|a|n|i|z|z|•♥•

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lunes 13 de julio de 2009

Capítulo 1 -Nosotros no paramos-




Todo estaba listo, el espectáculo de luces estaba en su punto, de inmediato un mesero nos abordó llevándonos al segundo piso del club –Zona VIP para las señoritas- nos dijo mientras nosotras tomábamos asiento en los amplios y llamativos sillones de piel, de inmediato llegaron con una cubeta de hielos y pusieron botellas en la mesa, en las que se incluía, Vodka, Whiskey, Coñac, Ron y varios licores, agua, jugo y cervezas. El Barman se acercó de inmediato.

-¿Que les ofrezco damas?-

-Ruso Blanco – pedimos, después de lucirse un momento el barman termino nuestros tragos, le dedicamos una linda sonrisa y él se fue satisfecho de sí mismo no sin antes hacernos prometer que cualquier cosa lo buscáramos a él.

Había como siempre mucha diversidad, en su mayoría chicos atractivos, de diferentes estilos, vi varias caras conocidas, eran famosos, se sobre entendía por la seguridad que cargaban con ellos algunos nos saludaron con la mirada al vernos, podría ser que nos conociéramos… regularmente eran bastante reservados así que no poníamos en ellos mucho interés…

-¿Puedo…?- no me había percatado de que Anny ya había hecho el primer clic de la noche, era un chico alto, blanco y de pelo oscuro que llevaba a alguno de sus amigos, pelo rizado, cuerpo atlético, bien parecido, pero ninguno de ellos dos era mi… tipo.

-Claro- concedió ella sonriendo.

-Iré a la barra- les dije distraída, dejando al amigo del chico solo y con mala cara al verme partir. Antes de caer con el primero, deseaba observar que mas había.

Baje dos escalones, el segundo piso era el más amplio y muy codiciado no solo por eso, sino por la enorme barra que se erguía justo al centro, me dirigí hacia allá, y en cuanto pasé dos chicos me ofrecieron sus asientos, me limité a sonreírles y negar con la cabeza, no eran mi tipo tampoco, ellos a su vez se sentaron de nuevo, caminé hasta una esquina, fue entonces cuando sentí una mirada penetrante, intente buscarla pero era inútil, había muchas personas.

-¿Te ofrezco algo?- me dijo el barman guiñándome un ojo haciendo malabares con una botella.

-No, así estoy bien- le contesté, mostrándole el trago a medias que tenía en la mano, él se fue un poco ofendido por el rechazo, esperé unos 10 minutos… esperaba que él o… ¿por qué no? La, que me miraba me abordara pero como no fue así y a pesar de seguir sintiendo que me acosaba me levanté para regresar a mi mesa.
Había dado quizá dos pasos cuando me abordó un mesero.

-¿Señorita…? Mandan éste trago para usted- extendió con cortesía su charola. Tomé el vaso que me ofrecía- Mike Collins- susurre y el mesero asintió. -¿Quién lo manda?-

-El joven de allá- me dijo señalando con la mirada hacia una de las mesas del rincón.

-Llévame con él por favor- le dije sonriendo, justo de ahí provenía la acosadora mirada, la sentía más intensa conforme avanzábamos.

Estaba 5 mesas más alejada a la mía y a la de Anny pero relativamente cerca para la vista, seguí al mesero hasta que dos tipos trajeados de negro se interpusieron, una mano los hizo alejarse de inmediato, como si supiera que era yo la que estaría por ver, me deslice con cuidado entre los tipos que cerraron el paso justo cuando subía el escalón para su mesa, un chico bronceado de ropa holgada esperaba con una sonrisa, era la misma mirada no tenía duda, tenía algo verdaderamente atrayente en la sonrisa, en sus gestos, pero eso mismo hacia que me mantuviera prevenida.

-Siéntate- me dijo con un tonó autoritario, lo cual me pareció sumamente molesto “Famoso” pensé, “Famoso y estúpido” dije luego de observarlo mejor y tener una vaga idea de quién era.

-No lo creo- solté a manera de reto- Sólo quería agradecerte el trago- le dije con tono engreído, él se limitó a sonreír casi con burla. -Y… a decirte…- agregué con malicia sacando el as de la manga- Que prefiero el vodka- terminé mientras me agachaba un poco y deslizaba la copa sobre la mesa de vidrio y le sonreía sínicamente, aquello no era del todo cierto, pero el chico se lo merecía.

-¡Uhhh! golpe bajo- se burló alguien de quién no me había percatado, un chico sentado frente a él, voltee a mirarlo, sus finos rasgos llamaron mi atención, piel blanca, rastas oscuras, ahí mismo había otro chico, uno rubio de piel blanca, luego reparé en la sonrisa de ambos, me miraban expectantes, como esperando que hiciera algo, el chico de las rastas mas bien parecía curioso, repare en el cigarrillo que tenía en la mano.

-hmmm…- susurré mientras lo miraba, a lo que el reaccionó de inmediato tendiéndome su tabaco.

Lo lleve a la punta de mis labios aspire –Gracias- le dije con sutileza y una linda sonrisa mientras se lo regresaba y él lo tomaba con sus finas manos, regalándome una sonrisa tierna.

-Fue una mala elección, pero aun así gracias por el whiskey- le dije al chico bronceado acercándome un poco pero sin tomar el trago –Nos vemos luego- sellé dejando escapar un poco de humo de mis labios y dejando que le pegara en la cara, él por su parte sonrió bastante complacido, me di la vuelta pidiendo permiso a su seguridad, y baje de nuevo los escalones para entrar a la barra.

Los chicos eran sin duda bastante atractivos, deseables, sabía quiénes eran, no sus nombres pero si conocía a la banda, por el medio en el que me desarrollaba era básicamente imposible no haber oído antes de su grupo, desafortunada o afortunadamente no sabía mas de ellos que su género, intente no interesarme mucho, meterse con los famosos era la mayoría de las veces un error, la seguridad los aires de poder los delataban con facilidad y, para su buena suerte quizá, eran cosas que yo… no soportaba mucho tiempo.

-¡Haha! ¡Se te fue Tom!- se burló Andreas. –A veces se puede otras…-

-Oh no, haha ya verán- le contestó Tom, un reto, le encantaba.

-Es muy guapa- comentó Bill mientras se llevaba el cigarrillo a los labios.

-Lo sé- le contestó su hermano tomando un poco del whiskey que la chica acababa de dejar.

-¿Cuándo la has visto?- preguntó de nuevo su hermano.

-Desde que entro, o bueno desde que subió, viene con una amiga por cierto-
Bill se limitó a asentir observando el cigarrillo.

...

-¿En dónde has estado?- me preguntó Anny en cuanto subí a nuestra mesa.

-Por ahí- le dije en tono coqueto. –¿Y tu chico?-

-hmm aburrido- me contestó. –Hay que bailar- dijo levantándose con un limpió y gracioso brinco tomando mi mano.

-Excelente- le dije levantándome para movernos un poco de nuestra mesa y encontrar el espacio, en la misma zona, para las parejas. Nos sonreímos con complicidad, disfrutábamos mucho bailar entre nosotras, era un juego bastante divertido, todo consistía solo en bailar como siempre, pero el punto era, las miradas que atraíamos, generalmente de los chicos, era genial dejarlos suspendidos en alguna de sus perversiones, al borde de la escena de la mayor de sus fantasías, muriendo porque nos tocáramos o porque lo dejáramos acercarse, lo cual por supuesto no pasaba a menos que nos tomaran desprevenidas, ese era el punto, pero en realidad muy pocos lo sabían hacer, dicho y hecho, comenzamos a bailar y los embobados chicos nos miraron como si fuéramos un imán positivo y ellos un negativo, inclusive algunas chicas nos observaban con interés, Anny y yo nos sonreíamos muy cerca, habrían pasado quizá 15 minutos cuando una mano se enredó en mi cintura, fue increíblemente espontáneo y hábil, aquello merecía que lo dejara estar un poco.

No pare de bailar, pero por un momento casi lo hago porque Anny tanteó en sus pasos y me pregunté por qué, nosotras nunca parábamos…. justo en ese momento una voz me susurro al oído… –Orgasmo- y con su mano libre, me puso un vaso de trago largo en frente, el cuál tomé con delicadeza.

-Una combinación interesante, porque tiene…- hable con lentitud.

-Vodka- terminó él rosando con sus labios mi oído.

-Una mejor elección sin duda- le dije mientras me volteaba hacia él.

Lo tenía muy cerca, al fin lo pude observar con más detenimiento, era muy alto yo media 1.70, algo baja para ser Alemana pero alta dentro del estándar Británico, con los tacones alcanzaba casi el 1.76 y aun así el seguía sacándome algunos centímetros, primero miré su rostro, anguloso de rasgos finos, sus ojos tenían un brillo seductor muy especial, varios lunares en la cara y el cuello que parecían habérselos puesto estratégicamente para hacerlo lucir más sexy de lo que “naturalmente” ya era, llevaba una banda ancha en la frente, que dejaban ver unas delgadas trenzas pegadas al cuero cabelludo, él me miraba a mí de la misma forma, como observando cada detalle, sentía su mano moverse en mi cintura con delicadeza, yo paré hasta notar que tenía un arillo en el labio inferior el cual de pronto absorbió mi atención, me encantaba, luego me tope con su mirada otra vez y ambos salimos del ensueño al mismo tiempo, me sonrió y al ver que mi vista se dirigió inconscientemente al pearcing, él lo notó, y lo jugó con la lengua.

-Irresistible ¿no es cierto?-

-Ha- reí con sarcasmo- No te imaginas, tengo algo mejor- le dije guiñándole un ojo.

-Eso debería comprobarlo- estaba listo para regresarme cualquier jugada, pero yo también a él.

-No tienes tanta suerte- le dije sonriéndole inocentemente.

-Ya veremos…- dijo de nuevo mientras me acercaba más a él y mis ojos como imanes se desviaban a sus labios por la forma tan provocativa de mover el arillo.

Me mordí el labio inferior cambiando mi punto de visión directo a sus ojos, primero deslizando mi lengua suavemente sobre ellos y luego mordiendo de nuevo con cuidado, eso le llamo la atención a tal grado que pude casi sentir reacción en su cuerpo, luego le sonreí complacida ante su derrota, él me devolvió la sonrisa provocándome.

-Interesante- le dije fingiendo indiferencia.

-¿Vamos a mi mesa…?- me preguntó mientras me dejaba moverme un poco pero sin quitarme la mano de la cintura.

Voltee a mirar a Anny, como supuse un chico ya la había abordado, uno muy guapo por cierto, pero ella parecía un poco distraída mientras me miraba con sorpresa.

-Espera aquí- le dijo al chico, mientras me movía un poco y el asentía.
Me acerqué a Anny y me hablo al oído.

-Dios mío Ambry, ¿de dónde salió él?-

-Me invitó un trago hace un rato el cual por cierto rechace-

-Pero… es decir, tú… ¿sabes quién es?- me dijo anonadada.

-Sí, pero no - le dije de inmediato refiriéndome a su carrera artística –Sé de qué banda viene, pero no sé que se diga de él-

-Bien- me dijo ella –Cómo sea tampoco se gran cosa de ellos- luego sonrió.

–Diviértete- me guiño un ojo y se giró al chico que la esperaba tomándolo del cuello para seguir bailando.

Caminé unos pasos hacia él, de nuevo dirigió su mano a mi cintura, me guió fuera de la zona mientras un tipo de su seguridad nos habría camino entre la gente.

-¿Cómo te llamas?- le pregunté mientras caminábamos, pude notar que eso lo tomó por sorpresa, esperé a que dijera algo así como… “¿En serio no sabes quién soy?” y en un momento pude haber jurado que lo diría, pero después me contestó con simpleza:

-Tom, ¿Y tú?-

-Ambry-

-Lindo nombre- me dijo, siendo el primer cumplido lindo de la noche que me hizo sonreír, llegamos a su mesa, me senté en el sillón más grande, Tom se sentó junto a mí, pasando su mano por el respaldo pero sin tocarme.

-Ah bueno, Ambry, te presento a Bill, mi hermano- me dijo completamente distraído mientras se acercaba a la mesa a tomar su vaso, no me señalo a nadie, pero en cuanto el chico de enfrente el mismo del cigarrillo se movió supe que se refería a él, me tendió su delgada mano y repare en el parecido de ambos.

-Un placer- me dijo con una sonrisa demasiado atractiva, como la de su hermano pero con un toque más inocente.

-El placer es mío- le dije devolviéndole la sonrisa.

-Aham…- comenzó Tom sin darme tiempo a observar más a Bill –Ése de ahí es Andreas – El otro chico de enfrente me tendió una mano dedicándome una risueña y quizá un tanto perversa mirada.

-Ahm… entonces, ¿Ambry verdad?- preguntó Bill.

-Exacto- le dije mientras llevaba el popote de mí bebida a mis labios –De Ambrosine, pero ese es un nombre muy largo, prefiero sólo Ambry- agregué.

-Largo o corto, a mi parecer es un nombre muy bello-

-Gracias Bill- le dije un poco impresionada por la soltura en su forma de hablar sin parecer que te coqueteaba, en cambio, parecía interesado de verdad en solo hablar.

-Y… ¿de dónde eres?- me preguntó.

-Soy originaria de Inglaterra… pero he hecho de LA y de Alemania mi segundo hogar -
-Increíble, adoro California- comentó.

La plática siguió bastante bien, y los tragos iban aumentando conforme avanzaba la noche, a esas alturas ya me dedicaba algunas miradas coquetas con Tom que se encontraba sentado junto a mí. Andreas y Bill habían desaparecido unos momentos en la pista de baile, aunque seguía viendo a Bill en una esquina parado mirando y conversando con una persona, quién supuse era algún amigo porque reían y al parecer intercambiaban algunos comentarios fugaces.

-Ese chico es verdaderamente una ganga, ¿a que lo has visto en algún programa?- me dijo Tom arrastrando un poco las palabras.

Levanté los hombros sin decir nada.

-¿Pues de dónde demonios eres tú que no conoces a nadie? ¿No ves Televisión?- me preguntó.

-Conozco a todos los presentes aquí- le dije también con palabras entrelazadas y sin pausa, efecto del alcohol. –Y ese que dices es Olliver Pocher, es tan engreído, hace que me duela el estómago solo el pensar en él-

-Claro, seguro mueres de la risa con sus comedias pero no lo admites- dijo el riendo.

-Cállate- repliqué bebiendo un sorbo de mi vaso y disimulando una sonrisa. Lo cierto era que el tipo era gracioso pero solo interpretando, en la oficina y debido al empleo que desempeñábamos Anny y yo teníamos buenas relaciones con todo a lo que música se refería principalmente, pero también sobre farándula en general… Varios managers y directores nos buscaban para emprender proyectos nuevos, con bandas, viejas y nuevas.

-¿Qué te parece si salimos de aquí?-me preguntó levantándose con dificultad. –Hay que dar una caminata en ésta fría madrugada para que se me baje lo ebrio un poco-
-Sí- contesté sin más, el alcohol ya había hecho su efecto, y ya no medía que tan bueno o malo era irme en esos momentos.

-Ven por acá, no quiero a los de seguridad sobre mí- me dijo guiándome por una puerta trasera, ahí un mesero se acercó a entregarnos nuestros sacos, en un momento nos perdimos de la vista de las personas y salimos a recibir el aire frío de la madrugada, el cual en un principio sentí pero después se fue inhibiendo, caminamos dos pasos, mientras me ponía la boina a juego con mi saco para cubrirme un poco del frío que se iba haciendo un poco intenso, metí mis manos a los bolsillos dejando de un lado mi bolso, considerando que estábamos en invierno no fue muy inteligente de nuestra parte salir a dar una caminata…



A l@s lector@s:
Buenas tardes! ^^ Espero que se encuentren muy bien.
Aquí el primer capítulo de Expiación... sólo paso para agradecerles a quiénes leen
lo aprecio muchísimo encantos ^^ ♥
Y otra cosita, aclarando días de publicación...
Lunes, Miércoles y Viernes, encontrarán el capítulo en línea desde las 2:00 de la tarde. Espero no tener que cambiar después la hora, y deseo que sea flexible para
algunas lectoras que me pidieron se publicara mas temprano, por la diferencia
de horarios de su país.

Con mucho amor... •♥•|D|i|a|n|i|z|z|•♥•

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martes 30 de junio de 2009

Prefacio.





La noche caía en Berlín ella estaba sentada en un diván del living room, observando hacía arriba, prometía ser una buena pero helada noche, se encontrabana a mediados de invierno. En esos momentos meditaba mientras su mejor amiga, Anny terminaba de cambiarse, la historia de cómo se hicieron amigas es curiosa…


Fue en un bar hace ya unos cuantos años atrás, estaban ambas sentadas en la barra, con un tabaco en la mano y un trago listo para ser tomado, a la media hora de percatarse de que ambas estaban solas y después de reírse un poco de ellas mismas comenzaron a conversar, al final terminaron alcoholizadas lamentándose por su repentina soledad y vacío emocional, después de eso y tras descubrir que harían la misma carrera en la universidad compartieron un piso en su ciudad natal, Inglaterra.

No necesitaron más que una noche de plática para darse cuenta de que eran muy similares, intensas, locas y con un futuro exitoso por delante.Durante lo que duró la Universidad vivieron juntas, en un principio sostenidas por el tío de una de ellas, un hombre de edad media y con un carácter demasiado flexible, que nunca le negó a su sobrina un solo capricho. Costeó la universidad y le dio todo lo que pidió con la única condición de que terminara la carrera a buen tiempo y que disfrutara de lo que viniese en camino.

Movidas por los idiomas, y por su espíritu aventurero, terminaron en California haciendo su seminario de titulación y un año después de terminar la carrera regresaron a su continente con un negocio en puerta que venía desde LA, la sede, Alemania.

Comenzaron a trabajar, llevando y dirigiendo un proyecto en el que se habían adentrado en LA, estaban dispuestas a todo para conseguir lo que querían, listas para volar, y volar muy lejos, su nombre era Ambrosine, una chica esbelta de finos rasgos y pelo largo teñido de un color rojo que la hacía destacar aún más de lo que ya con su presencia lograba, sus ojos azules grisáceos eran el toque final, ella al igual que Anny una chica mas bajita comparada con la estatura de su amiga de pelo rubio ondulado y largo de lindos ojos verdes tenían la “suerte” o quizá solo la “genética” de ser unas chicas increíblemente atractivas.

Ambrosine entró al apartamento y bajó las escaleras dejando atrás el cielo oscuro y se dirigió a la sala de estar a esperar a Anny, tenían poco de haber adquirido el pent-house en el que se instalaban, se habían mudado para acercarse más al centro de Berlín y así mismo a su nuevo empleo, un apartamento lujoso que satisfacía las necesidades de ambas chicas, que, como lo jóvenes que aún eran comenzaban a saborear el dulce gusto de la libertad completa.

En lo particular no les interesaba mucho tener a un chico a su lado, y quizá se debía a las malas jugadas que les habían pasado, por eso mismo ellas parecían más bien desinteresadas en alguna cosa seria y preferían solo divertirse. Estaban alistándose para salir esa noche, decidieron salir un poco de su pequeña burbuja de depresión momentánea, y conocían el lugar perfecto, era un club de categoría al centro de la ciudad, lugar ideal para pasarla bien bailando, bebiendo, conociendo gente…

Ambrosine había elegido un vestido entallado color negro satinado con un largo y provocativo escote en la espalda, lo acompañaba con unas botas de aguja con hebillas plateadas engarzadas al tacón, que hacían una perfecta combinación con el pequeño bolso y sus accesorios, completando su maquillaje con brillo corporal de destellos dorados, que le daban un toque más bronceado cualquiera que la viera en ese momento no podría quitarle la vista de encima, cosa a la que hasta cierto punto había terminado por acostumbrarse.

Al fin Anny salió de su alcoba y se acercó a Ambrosine que la esperaba con las piernas cruzadas sentada en un pequeño sillón cuadrado de la sala.

-¡Wow! ¡Te ves espectacular!- le dijo Anny tomándole la mano y dándole una vuelta mientras ésta se levantaba.

-¡Ni que se diga! Tu luces despampanante- le dijo ella haciendo lo mismo y sonriendo, era la verdad, ambas eran guapas, “sexys por naturaleza” decía Anny, resultaba que ambas chicas se habían conservado muy bien en cuanto a anatomía se refiere, sonrieron ante su ego desbordado.

-Noche de divas- Anny la tomó de la mano con firmeza mientras seguían riendo, y entraban al elevador, al pasar por la planta baja del edificio y pasar por uno de los salones comedor captaron de inmediato las miradas de las personas que se encontraban ahí, salieron al estacionamiento.

-¿Qué opinas si nos llevamos ambos autos y comenzamos la fiesta?- pregunto Anny, Ambrosine sabía a lo que se refería, y la idea le… conmovía.

-Encantada- concedió ella sacando las llaves de su auto –Veremos quién llega primero- le dijo mientras abría la puerta de un bonito auto deportivo color negro, y Anny por su parte entraba al suyo gris tormenta, iban en igualdad de condiciones, mismo auto, misma velocidad.

Salió del estacionamiento y la esperó a que se pusiera a la par, se puso el cinturón en su lugar. Los retos le encantaban y la adrenalina le fascinaba.

-Suerte- le dijo guiñándole un ojo, Ambrosine sonrió mientras pisaba el acelerador al mismo tiempo que ella.

Estaba concentrada únicamente en la autopista, vacía, como era natural en Alemania a esa hora las calles eran muy poco transitadas, ya había rebasado a Anny cuando sonó el tono de la note del auto, que dejó pasar con un “On” la voz de Anny entró de inmediato.

-Ahora la suerte la necesitarás tú- le dijo en tono burlón mientras que a su lado izquierdo escuchaba un motor esforzarse y veía un auto rebasarla, ella por su parte, sonrió complacida.

-No lo creas guapa- le contestó con tono meloso.-No tardes mucho en llegar- Se rió con cautela mientras hundía el tacón en el acelerador, se concentró en el volante y en menos de un minuto ya había rebasado el auto gris tormenta, después el negro derrapo un poco al frenar, había llegado a su destino, hizo más lenta la marcha hasta llegar a donde el ballet parking.

-¡No es justo!- sonó la voz berrinchuda de Anny al tiempo que llegaba un auto justo detrás del de Ambrosine.

Abrió la puerta bajando con majestuosidad del auto ante los embobados chicos del ballet parking.

-Quizá la próxima vez tengas más suerte- le dijo a su amiga acercándose a ella, Anny le pasó una mano por la cintura mientras reían y entregaban las llaves a los chicos que no les despegaban la vista de encima. Aceptaron su ticket y caminaron un par de pasos hacia la entrada con la ID del club en la mano.

Llegaron hasta dónde varios tipos enormes custodiaban la entrada, las miraron y un segundo después quitaron la cadena y les abrieron la puerta sin si quiera pedirles las identificaciones.

-Diviértanse señoritas-

-No lo dudes- le dijo Anny guiñándole un ojo al complacido guardia.

Y es aquí en dónde empieza la historia de éstas dos chicas, que, como era normal para ellas entrar a un club no predecía más que una buena noche, sólo qué esta vez, posiblemente, las cosas serían diferentes.

<...>

A los lectores:
Hola a tod@s! Bueno, pues aquí está el prefacio de ésta nueva historia.
Deseo que comience a despertar su interes, y espero poder encontranos nuevamente el día
13 de Julio, para comenzar con ésto que lleva por título -Expiación-.
Nos vemos pronto, muchos abrazos.
Saludos! ^^

•♥•|D|i|a|n|i|z|z|•♥•

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sábado 13 de junio de 2009

Capítulo LXII Más allá de la razón

El ambiente en casa era tranquilo y acogedor, Ían y Dan brincaban de uno de los sillones de la sala a un puff que Tom les había puesto en el suelo, y al parecer la estaban pasando en grande. Coco por otro lado se balanceaba encima de una gran abejita de peluche que iba y venía, regalo de Gustav.

-Se van a lastimar-expresó Zay angustiada al ver caer a Ían y detrás de él inmediato Dan Ese día los dos llevaban overoles a juego, Coco por su parte tenía el pelo amarrado en dos pequeñas coletitas y un vestido amarillo muy coqueto.

-No les pasará nada- le decía Isha sonriente con una copa en la mano –Se están divirtiendo, y ni Diana ni Bill les quitan los ojos de encima- señalando con discreción con la mirada. –Y sin contar el lente de la cámara que Georg no despega de Coco- agregó riendo.

En el bar de el fondo del gran salón se escuchaba la animada platica que sostenían.

-No, no saben! Los llevaron al estudio hace poco-decía David animado-Ían no paraba de pegarle a las guitarras de Tom!-

-Casi me da un infarto, ese pequeño desafino la guitarra que nunca se desafina!-comentó Tom en voz alta mientras miraba de reojo a Ían.

-Y Dan no se separaba de las baquetas de Gustav- continuó Dave y Gus alzó los hombros y sonrió.-Las tenía en su boca todo el tiempo y tocaba los platillos de la batería que tenía en frente con sus manos, luego hacía rabietas porque no sonaban, cuando Lubby llegó y tocó el platillo con la baqueta el pobre Dan metió un brinco del susto y miró a su mamá como si estuviera loca, luego comenzó a reírse y regresó la baqueta a su boca, fue magnífico-terminó entre las risas de los presentes.

-Mamy- me llamó Coco con su delgada vocecita y me extendió los brazos para que la bajara de la abeja, la puse de pié y se quedó mirando a sus hermanos que la pasaban de maravilla aventándose al puff y no paraban de reír.

-Han notado que lo único que dicen completo los pequeños es Mamy y Pá-pá- preguntó Dunja. –Los gemelos solo dicen las últimas letras de los nombres y Coco las primeras, después se copian mutuamente, soy Ddhu- le dijo emocionada a Simone y a Lucy.

-Yo soy abu- le contestó ella levantando los hombros –Fue lo más sencillo de decir después de Mamy, Pá-pá y mmy-

-A mi me dicen lesh- comentó Alex risueña. –Y a Zay…-

-Tdol- dijo Tom riendo.

-No te metas cuñado- lo amenazó Zay. –Coco, diles quien soy yo nena- le dijo a la pequeña.

-Zay- contestó Coco con su vocecita clara y melodiosa, y su tía sonrió complacida-

-Vaya! Lo lograste!- comentó Georg contento.

Ían intentaba subirse a la abeja y cuando lo logró comenzó a balancearse, cuando Dan notó que su hermano había encontrado una mejor forma de divertirse fue hacia él y comenzó la pelea del día, Dan quería subirse pero Ían no lo dejaba, se apoyaba en unos cuantos empujones para hacer que bajara, pero Dan que no se rendía tiró también a Ían.

-No se empujen- les dijo Bill tomándolos de la mano con suavidad.-Pueden hacerse daño…- Entonces Ían me buscó esperando apoyo.

-No se empujen- repetí . –Háganlo por turnos, primero…-

-Oigan! Miren quién llegó!- Andreas abrió las puertas del gran salón de par en par y después de eso gritó como poseído, de inmediato Ían y Dan suspendieron su pelea y respondieron gruñendo, Coco metió un brinquito y después comenzó a hacer un puchero.

-Pá-pá- pidió ella en un gritito ahogado por los lagrimas y Bill de inmediato la tomó entre sus brazos.

-Eres imbécil- Tom se levantó para pegarle a Andreas con la palma de su mano abierta.

-Oye!-se quejó éste. –Es nuestro grito de guerra!, míralos!- y señaló a los gemelos que no dejaban de gruñir.

Tom negó con la cabeza y Bill rió consolando aún a Coco que se tallaba los ojitos y después rodeaba con sus bracitos el cuello de su papá que estaba sentado junto a mí.
Entonces miré con atención la escena ante mis ojos y a todos los presentes, como en cámara lenta miraba sus sonrisas y sus ojos brillantes, las expresiones que hacían cuando bebían y cuando comían… mi mirada se detuvo en Georg unos segundos.

“No sé si estoy preparado para algo más… a decir verdad ver a Diana y a Bill, los nuevos adultos de casa, me han hecho pensar mucho… quién lo diría… ahora tiene hasta hijos! Después de la boda no imaginé que se atreverían a dar otro paso mayor, quizá sea que yo creo ser demasiado joven aún… haha no es verdad, lo que sí es que creo que prefiero las cosas como están, ahora estoy con Zay por ejemplo, y por el momento no hay nada ni nadie más, quizá las cosas cambien con el tiempo, o tal vez se queden como ahora, la amo y ella me ama para mí es la primera vez… dicen que hay varias en el transcurso de la vida… de cualquier manera quien sabe, habrá que ver que pasa después, quiero decir… siempre seremos libres de volar a donde deseemos, y en algún momento, creo que las cosas deberán seguir su rumbo, pero creo también… estar dispuesto a aceptar, todo lo que sea que venga en camino…”

Cuando Georg se percató de que lo veía, me dedicó una sonrisa como si acabara de compartir conmigo un pensamiento, me limité a responderle la sonrisa y alzar los hombros, después el hizo el mismo gesto y miró sonriente a Zay, luego se integró de nuevo a la conversación que mantenían.

Mi mirada siguió por el gran salón, hasta llegar a Gustav quién observaba a Bill sonriente al verlo intentar que Coco dejara de sollozar.

“Sinceramente, no sé qué hacer o decir… Estoy aquí, con Lucy y me siento bien, contento y extremadamente feliz, después de tanto tiempo de casi olvidar lo que se sentía estar enamorado, aquí estoy! Disfrutando nuevas cosas, con mi pequeña y parlanchina novia… yo no sé… me gustan las aventuras extremas pero! Con moderación! xD que contradicción… Seré feliz el tiempo que esto dure, quizá después… el ejemplo de Diana y Bill no me quede muy lejos para seguirlo…”

Noté que la sonrisa de Gustav se ensanchaba un poco más y desviaba la mirada hacia Lucy, la tomó de la cintura y le dio un beso, luego ella se sonrojo un poco, mientras Dunja y David les decían algo que al parecer los hacía ruborizarse a ambos y después reír.

Alex, Gordon y Simone se dedicaban a observarlos riendo, Zay le ofreció una bebida a Alex y ella sonreía para que, antes de tomar la copa, la abrazara. Andreas corrió tras los asustados gemelos gritando “Hiiiiaaaaak!” y ellos asustadizos y divertidos corrieron hasta mis brazos, Tom miraba la escena entretenido al mismo tiempo que hablaba por lo bajo con Isha, cuando Andreas se dio por vencido fue por algo de tomar, y mi mirada se cruzó con la de Tom por un momento.

“El pequeño Tom planeando la próxima travesura” – pensé sonriendo mientras veía a Isha sonreír coquetamente y esconderse detrás del rostro de Tom que le regalaba un par de, lascivas pero al mismo tiempo, tiernas miradas. Andreas hacía que una carcajada general se materializara y Alex escupía el contenido que tenía en la boca, salpicando de agua alrededor, después de reírnos con ellos, Tom prestó de nuevo atención a nuestra escena.

“Solo disfrutaré el momento cada segundo como siempre lo he hecho, hoy estoy aquí… pero mañana no lo sé! Siempre he sido aventurero, lo único seguro es que si emprendiera alguna nueva aventura conmigo me llevaba a mi hermano y a su familia, mi familia… De algo puedo estar seguro en éstos momentos, somos solo 6 los que nos mantendremos constantes, ya saben que esto de predecir el futuro y decir la verdad es lo que más se me da! Somos Lubby, Ían, Bill, Coco, Tom y Dan Kaulitz, una familia grande… Mi amor incondicional se reparte en esas 5 personas, mi hermano, mi… “cuñada xD” y mis sobrinos que dentro de un tiempo serán más guapos que yo, después de todo… traen doble gen! No sé que me depara el destino, por el momento hay una linda chica junto a mí y me hace feliz, me siento a gusto con ella y pretendo que las cosas sigan su curso como sea que deban ser… de cualquier manera, de mi parte no habrá pasos en falso como los de mi hermano! Hahaha… no es verdad, solo bromeo, Bill no pudo tomar mejores decisiones en su vida y me siento orgulloso de él. De mi parte no hay más… creo que sólo lo dejaré ser…”

El brillo de los ojos de Tom se quedó capturado entre las pupilas de su hermano, que lo miraron por una fracción de segundo, Tom alzó la copa que tenía en las manos y simuló un brindis a la salud de Bill, quién le agradeció asintiendo y sonriendo, como si supiera lo que su hermano se había quedado pensando al tiempo que Tom llevaba la copa a sus labios.

Entonces Bill volteó a mirarme y sonrió, le devolví la sonrisa, sabía lo que estaba pensando…

“Siempre puede haber más de dos gemelos –entonces miré a Tom, regrese mi mirada a él y luego pasé por Dan e Ían- siempre puede haber más de un solo amor en la vida…-Miré a Isha, Lucy y a Zay- existen diferentes tipos de amor, que en un comienzo se dan de una forma, pero después, sin forzarlo y con el tiempo, simplemente se transforman…-Mi mirada se hayo súbitamente con la de Tom, el se limitó a sonreírme y asintió de nueva cuenta- Hay amor fraternal… amor de familia- Simone desvió la mirada hacia sus dos hijos recargada en el hombro de Gordon. Alex y Zay me miraron regalándome un par de sonrisas cariñosas, luego el celular de Alex sonaba y ésta emocionada contestaba animada con un “hola abuelo!” – Están los amigos que te acompañaran siempre en la vida…-Bill miró a Georg, a Gustav y luego a Andreas- También los que te acompañaran en un periodo importante de ella y que verás algunos días sí y otros no…- Su mirada se suspendió en David y Dunja que reían sin parar junto con Andy- Existe amor de uno, amor de dos… y por qué no? Amor de tres- Su mirada se paseo entre la de sus hijos y paró en nosotros relacionando al mismo tiempo a Tom-"

Entonces me tomó de la mano y me dio un beso ligero en los labios, Tom se levantaba para cargar a Dan que le llamaba extendiendo los brazos, Coco estaba recargada dormitando en el pecho de su papá e Ían hurgaba entre mi blusa sacando el reluciente colgante que llamaba su atención, el corazón que hacía tres años Tom me había regalado, Tommy se puso en cuclillas a la altura de mi rodilla para recibir a Dan que enredó sus bracitos alrededor de su cuello.

Luego de tomarlo con una mano, puso la otra sobre mi mano y la de Bill que se entrelazaron al contacto, haciendo que nuestros anillos de compromiso tintinearan, por un momento su mirada, la de Bill y la mía se encontraron como al centro de un triángulo, nos sonreímos de manera recíproca y Tom separo con lentitud sus dedos de nuestras manos rozando los anillos y asintiendo con la cabeza al mirarlos, de pronto un flashback vino a mi mente, del momento en el que Tom nos había mostrado la caja con los anillos un día antes de la boda, en mi mente visualicé el grabado del que yo tenía puesto y releí la frase en voz apenas audible para nosotros tres.

“Cuando el amor va más allá de la razón”
Seguido por el nombre de Bill.

“Es para siempre un fin, en sí mismo”
Repitieron Tom y Bill al mismo tiempo mientras Tommy se enderezaba por completo y se ponía a darle vueltas a Dan sosteniéndolo en alto.

Bill sonrió y apretó un poco más mi mano, Coco cerraba sus ojitos vencida por el sueño e Ían en uno de mis brazos con el corazón en una de sus pequeñas manitas también amenazaba con quedar dormido en cualquier momento. Escuchaba las risas de los presentes, con algunas palabras mezcladas de su conversación, entonces me recargué en el hombro de Bill y él me dio un beso en la frente susurrándome un Te amo al oído, parpadee con una sonrisa enmarcando mi rostro y miré a Tom que no dejaba de dar vueltas con Dan en los brazos…

No era el fin, ni el intermedio ni tampoco el comienzo de nada… era simplemente una utopía, una idea, una eternidad... y ahí recargada, mirando a nuestros hijos, me pregunté, que más cosas hermosas podría depararme el destino…

La respuesta estaba en los sueños, más allá de la razón, del misterio, y de la imaginación.




Aquí si lo quieren ver en tamaño normal:
http://www.youtube.com/watch?v=IM3xsjhdcXY

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Versión alterna Capítulo XVIII y XVII‏

Un oldies!
Y... ¿cómo fué cuando Bill va por el vestido de boda de Lubby? Quizá algunas se lo preguntaron, si fué así estoy segura que les encantará leer ésta versión alterna que envía -Diana Laura- Una querida amiga y podría decir, colega mía =) Por favor, no se lo pierdan! Hizo un trabajo maravilloso con ésto, y me ha fascinado. Querida, una vez más muchísimas gracias por tus increíbles colaboraciones para el Fan Fic ^^


***


-Ok, ahora más a la derecha. Quiero que demuestres alegría y dicha inconmensurable. Imagina que este es el día más feliz de mi vida- aleccioné a Becca una vez más sobre el tipo de risa que debería de tener.

La sesión de fotos del día de hoy había sido extremadamente extenuante. Al parecer las modelos simplemente no estaban de humor hoy para que trabajáramos en una obra maestra, otros días se habían portado mucho más displicentes a cualquier orden que se les diera. El día de hoy, por el contrario, parecía que no tenían ni siquiera ganas de levantarse de sus camas.

-Harl, acaba de llegar el señor Kaulitz. Te está esperando detrás de la zona de vestuarios y accesorios.- la voz de Ángela me sonó perfectamente a pesar de la música que resonaba en el fondo, no podía haber una sola sesión de fotos de mi marca sin música.

Asentí con un movimiento suave de cabeza y le hice una seña al fotógrafo para que se detuviera durante unos minutos.

-Tomemos un descanso ¿Está bien? Tendremos veinte minutos- todos parecieron contentos con la perspectiva de escabullirse por ahí para ir a comprar un café, sin más palabras me dirigí a la zona de backstage del escenario para encontrarme con Bill.

Bill y yo habíamos hablado hace un par de días, al parecer alguna amistad suya le pasó mi número y quería que diseñara para su futura esposa un vestido excepcional. Al instante entablamos conversación a través del teléfono y habíamos quedado de acuerdo para vernos hoy. Me sentí un poco apenada por tenerlo que citar en un lugar tan informal como éste, pero mi agenda de esa semana estaba mayoritariamente saturada así que era posiblemente el único espacio en el que podía recibirlo.
Lo encontré jugueteando con un ramo de azucenas que reposaban flácidamente en un jarrón azul intenso.

-¡Bill!- dije animada llamando su atención. No pareció asustado, como normalmente lucían algunos jóvenes que venían a verme. Su sonrisa era franca y su actitud fresca y divertida.

-¡Harl! Que gusto verte hoy, por un momento temí que estuvieras demasiado ocupada- me acerqué a él y lo saludé con un apretón de manos cordial y una sonrisa amable, normalmente procuraba lucir amistosa con todos mis clientes, pero había algo en Bill que te hacía apreciarlo sin conocerlo.

-De ninguna manera, mí querido Bill. ¿Caminamos?- pronto se adaptó a mi paso y noté que no le costaba ninguna dificultad ir a mi nivel. Charlábamos animadamente sobre tonterías hasta llegar a la parte frontal del set de nuevo. Llamé a Angie con un gesto de la mano.

-Hazme un favor y dile a Karl que cancelaremos hoy. Tengo un compromiso muy importante, yo te diré cuando hay que citar de nuevo a los modelos y llama al ayuntamiento para preguntarles qué día pueden cerrar la calle para nosotros. Te lo agradezco- Angie era una mujercita increíblemente competente, además de bastante avispada y tenaz.

-Por cierto- dije mientras se alejaba- Necesitaré que me acompañes a la casa del señor Kaulitz el sábado para tomar unas medidas si no tienes inconveniente.-

-Claro, no hay problema alguno-

Angie se alejó con su andar rápido y constante hacia Karl. Pude ver cómo me hacía una seña de asentimiento con la mano para decirme que no había problema, le sonreí en respuesta mientras lo vi como tomaba el megáfono para mandar a todo mundo a casa.

-¿Vas a cancelar todo esto?- preguntó Bill incrédulo haciendo un gesto con la cabeza en dirección al set.

-No te preocupes, no es gran cosa. Ven, lo de tu vestido es más importante.- me miró con expresión burlona cuando caí en el significado de mis palabras-Digo, el vestido de la señora Kaulitz-

-Te lo agradezco, me dieron excelentes referencias de ti. Dicen que tienes exactamente lo que necesito- caminamos hacia el borde de la calle donde estaban estacionados los coches de todos.

-Depende de que sea lo que necesites, pero haré lo que sea necesario para lograr lo que buscas.- veo como mientras nos acercamos a los autos un par de hombres en una camioneta con las letras VSD se inquietan un poco, como preparándose para partir.

-¿Hasta lo imposible?- pregunta Bill escéptico con las manos en las bolsas de sus pantalones de mezclilla ajustados.

-Querido, imposible es una de mis palabras favoritas. ¿En tu coche o en el mío?- le pregunto mientras saco las llaves del bolsillo de mis pesqueros negros. No era mi intención mostrarme presumida con mi afirmación anterior, solamente que muchas veces había sido testigo de cuando lo imposible se transformaba en posible.

-Supongo que en el tuyo, no hay problema-Bill le hizo un gesto a los muchachos de la camioneta. Éstos últimos se limitaron a asentir con un movimiento casi imperceptible, supe que lo seguirían de todos modos a una distancia prudente.
Caminamos un poco hasta mi Ferrari 612 Scaglietti Sessanta, no tenía sentido alguno pasear por las calles de grandes ciudades como Berlín en la enorme camioneta que guardaba en casa para cuando viajaba al campo.

-Lindo auto, supongo que a mi hermano Tom le encantaría conducir uno de esto- dijo Bill introduciéndose en el asiento del copiloto junto a mí. En días soleados como éstos daba gusto tener un auto como éste.

-Gracias- encendí el motor, el cuál ronroneó como un felino furioso en medio de la calle parcialmente silenciosa.

-¿A dónde vamos?- preguntó Bill mirando a su alrededor por la ventanilla abierta.

-Vamos a pasar a mi oficina en Kap por unos diseños que quiero mostrarte. ¿Quieres verlos ahí o en otro lado?- No sabía con exactitud si Bill conocía ya los Kapricorino Holdings Alemania, pero a primera vista daban una impresión apantallante.

-¿Qué opciones tengo?- me preguntó Bill en respuesta sonriente.
Por un momento contemplé la posibilidad de invitarlo a desayunar a mi loft por lo temprano que era, pero no quería causarle problemas con la prensa debido a posibles especulaciones. De cualquier manera, me sonaba algo estúpido que Bill Kaulitz engañara a su esposa, por lo que tenía entendido era una mujer cálida y hermosa.

-Dónde quieras, por mi no hay problema- es cierto que tenía la agenda bastante ocupada, pero Bill por alguna razón me caía sobrenaturalmente bien y estaba dispuesta a borrar un par de compromisos de mi lista de quehaceres de hoy para poder trabajar bien en el modelo del vestido que buscaba.

-En la oficina mejor, no quiero que pierdas más tiempo del necesario yendo para todos lados.- agradecí su inconsciente preocupación y tomé la calle que llevaba al imponente edificio de cristal.

-Necesito hacer una llamada para avisar que vamos para allá, permíteme un momento- presioné el botón del bluetooth y en un par de segundos el tono de marcado sonaba.

-Oficina de la señora Harlenne Melia- la voz de Katherine suena del otro lado de la
línea.

-Katie, habla Harl. Voy para la oficina con una visita, solo quería avisar. Llegaré con Bill Kaulitz pero necesitamos exclusividad al 100%- una sonrisa aparece en mi rostro y Bill me ve con extrañeza.

-De acuerdo, gracias por avisar Harl. Tendremos todo listo para cuando lleguen. ¿Algo más en lo que pueda ayudarte?- Katherine suena entretenida, supongo que está preparando todo para cuando el señor Kaulitz y yo lleguemos.

-No gracias Katie, me las puedo arreglar sola. Gracias de todos modos. Nos vemos- colgué el teléfono con un solo apretón a otro botón.

-¿Exclusividad al 100%?- preguntó Bill incrédulo imitándome.

-Verás a que me refiero cuando lleguemos- dije colocándome unos lentes de sol que tenía en el pequeño compartimento junto a la palanca de velocidades, le arrojé a Bill unos al regazo. Me miró con extrañeza alrededor de un minuto, pero después de todo se los puso sin hacer una sola pregunta.
Fueron pocos los minutos que tardamos en llegar, me estacioné frente a la entrada principal del gran complejo y esperé unos minutos sentada en el auto mirando al frente. Bill notó al instante la multitud de gente que había detrás de unas alambradas de color rojo, gritaban frenéticamente aún antes de que abandonáramos el vehículo.

-Prepárate- le dije ajustándome los lentes y el saco de manga tres cuartos que llevaba.

-¿Prepararme para qué?- aunque Bill era una celebridad y sabía lo que significaba lidiar con la prensa y demás no creí que estuviera listo para esta clase de periodismo tan agresivo.

-Tú solo sonríe y saluda, pasaremos rápido-

Abrí la puerta del auto y salí con celeridad, los chicos de seguridad del edificio ya nos rodeaban incluso antes de que pudiéramos llegar a la primera escalinata de las que llevaban al edificio.

-¡Ahí están!- gritó una voz frenética de entre la multitud.
Un montón de personas arremetieron a empujones contra las cercas, que cedieron después de unos cuantos golpes. Todos corrieron con la fuerza de una avalancha para rodearnos, y micrófonos con diferentes logotipos comenzaron a salir por todos lados inesperadamente. Bill y yo nos limitamos a hacer lo que habíamos planeado previamente en el carro mientras los guardaespaldas nos abrían paso a codazos y a empellones entre la multitud.

Solo una vez que estuvimos en el vestíbulo general de los Kapricorino Holdings pudimos respirar seguros. Las puertas de cristal adornadas con figuras y motivos florales de colores se cerraron herméticas tras nuestras espaldas, a partir de éste momento nadie podía entrar o salir del edifico hasta que Bill y yo estuviéramos dentro de mi oficina en el último piso.

-¿Qué fue todo eso?- preguntó Bill sorprendido en cuanto entramos solos él y yo al ascensor para llegar al piso veintiuno.
Una serie de mujeres de tacones y hombres encorbatados estaban esperando el elevador antes de que llegáramos, pero se abrieron paso con pequeñas sonrisas tímidas para dejarnos pasar a Bill y a mí. Normalmente, sin que yo se los pidiera o lo insinuara si quiera, en cuanto ponía un pie en el lugar todos parecían abrirme paso por donde quiera que caminara. Era extraño sentirse así.

-Diferentes periodistas de revistas de moda del mundo entero. Quieren saber sobre la última línea, aparte de que les asombra saber que vienes conmigo hoy. Se preguntarán que viniste a buscar aquí. ¿A cuánto estarán comprando las revistas la exclusiva?-
Bill levantó una ceja, mirándome con desconfianza pero una carcajada por mi parte detuvo sus sospechas. Si había cosa que pudo desesperarme toda la vida eran esos buitres que se jugaban la cabeza tratando de tomar aunque fuera una foto de cualquier artista o celebridad en un lugar inesperado. De todos los ámbitos de la prensa, las revistas de moda eran lo peor.
El timbre del ascensor nos indicó que habíamos llegado a nuestro piso y salí del pequeño cubículo con Bill siguiéndome, maravillado de todo cuanto podían ver sus ojos. Supuse que sería así, no era el primero.

-Estoy en casa Katie- le dije a mi pequeña recepcionista que a duras penas se veía tras la pila de papeles que llenaban su escritorio. Al momento en cuanto escuchó mi voz corrió para darme un tetrabrik de jugo de fresas, mi favorito. Le hice una seña con la cabeza para que le ofreciera algo a Bill.

-¿Gusta usted algo señor Kaulitz?- Bill volteo y miró a Katie con una sonrisa por su timidez.

-Sí, unos Skittles rojos si es posible- Katie asintió con un movimiento leve y corrió a marcar una extensión en el teléfono rosa que había junto a ella.

-Y unos para mí Katie, tengo ganas de algo dulce hoy- Katie asintió una vez más rápidamente, pero no tuve tiempo de quedarme a contemplarla.
Caminé segura hasta la puerta de mi oficina, donde invité a Bill a pasar primero. Una vez adentro me senté en una de las sillas moradas que había junto al pequeño lago artificial de la habitación, donde pececillos de distintos colores nadaban entre rocas pintadas.

-¡Qué lugar es éste!- dijo Bill sonriente, al parecer la decoración le había fascinado- Pero bueno, me concentraré en lo que vine a hacer. No quiero que pienses que te hago perder el tiempo deliberadamente.-

-No hay cuidado, a partir de éste momento mi tiempo es exclusivamente tuyo. Revisemos lo que tengo para tu querida Diana.- conocer el nombre de su prometida no era difícil, ya que todos los sitios web estaban llenos de felicitaciones para los dos.

-Lubby, así es como la llama mi hermano- dijo sonriendo, como si recordara alguna vieja broma interna. Al parecer toda su familia tenía lazos sentimentales enormemente fuertes.

-Lindo apodo.- dije mientras mi mano buscaba en mi librero por la carpeta donde tenía la nueva línea.- Veamos si algo de lo que tengo aquí es tan hermoso como para complacer tus gustos y los de tu adorable Lubby.-

Le mostré uno a uno los diseños que tenía, los miró todos con satisfacción e hizo un par de observaciones sobre algunos. Al parecer sabía más de la materia que lo que había pensado. Finalmente escogió uno de mis modelos favoritos, era de los que más dicha me había dado crear y era todo un gusto que su esposa lo luciera en el día más divino de sus vidas.

-¿Cómo es que no había visto todo esto antes?- me preguntó Bill mientras concertábamos una cita para tomar las medidas de su mujer al día siguiente. La boda era en pocos días, así que tenía el tiempo contado para que todo quedara excepcional.

-Es porque son de la nueva colección que aún no ha salido, apenas la anuncié hace dos días. Nadie en el mundo tiene ninguno de éstos vestidos- la cara de Bill pareció enormemente sorprendida.

-¿Te refieres a que nadie ha usado un modelo como éste antes?- su voz confirmó mis
sospechas, una especie de extrañeza las acompañaba.

-Exactamente, nunca ha existido un vestido igual que yo sepa. Y ahora, lo descartaré de la línea, para que el de tu esposa sea el único vestido así en la tierra.- la originalidad era de las características que más me gustaba usar en los vestidos. En ésta colección me había atrevido a jugar con texturas e ideas que jamás había pensado combinar.

-Gracias Harl, de verdad.- Bill lo decía de corazón, sabía lo que significaba todo esto.

-No hay cuidado, nos veremos mañana. Y por cierto- dije antes de que Bill desapareciera en el elevador.- me da gusto que te cases, se nota que amas a tu Lubby más que a nada en el mundo.-

Su sonrisa confirmó la realidad de mis palabras. Éste era amor genuino, del que solo se puede apreciar de vez en cuando.
-¡Ah! La sublime y eterna poesía del amor verdadero- dije asustando a Katie por la forma de suspiro en la que lo dije, pocas veces hablaba así cuando estaba en la oficina.- Llama a Ángela y confirma la cita de mañana en la residencia de los Kaulitz para tomar las medidas de la señorita Lomelín.-

...

Al día siguiente nos presentamos puntuales al hogar de la familia Kaulitz para la cita hecha con anterioridad. Bill nos recibió a Ángela y a mí pronto en la puerta, sin perder el tiempo me llevó a una estancia que daba la impresión de ser una antesala. Esperé pacientemente de pié ante el llamado cariñoso de Bill a quien supuse debía ser Diana.

De una puerta que había frente a nosotros salió una joven de tez clara pero aún así bronceada, tenía una sonrisa franca y unos ojos brillantes y castaños que albergaban una emoción que no pude descifrar. Bill extendió la mano hacia ella con delicadeza en un ademán de que se uniera a nosotros, ella la tomó con la misma gracia con la que él se la había dado. Le sonreí instantáneamente sin planearlo y noté que Ángela hacía lo mismo. Tenía una especie de aura de tranquilidad y felicidad que me resultaban cómodas a pesar de lo poco que sabía de ella.

-Te presento a Harl- la mirada de Bill evaluaba en todo momento la expresión de Diana, parecía muy complacido y un poco nervioso mientras hablaba con ella- Ella diseñará tu vestido.-

-Encantada- la voz cantarina de Diana llenó el cuarto. Tenía un claro y fuerte tono de voz. Una sonrisa iluminó su rostro.

-El gusto es mío, y muchas felicidades.- mis palabras eran más que sinceras. Para lo poco que lo conocía, Bill me caía excelentemente y era un verdadero gusto ver la mujer tan increíble con la que estaba a punto de casarse. Tenía el presentimiento de que Diana era mil veces mejor de lo que ya era en el exterior en el interior.

-Gracias- la sonrisa cálida de Diana me hizo sentir más en confianza de lo que ya me sentía, vi aparecer una silueta masculina detrás de Diana. Supuse que debía ser Tom, el hermano del que Bill había hablado. A pesar de sus estilos diferentemente abismales era más que evidente que eran hermanos.

-Ah sí, yo soy Tom-la voz del futuro cuñado de Diana era preciosa y tenía un enorme sello de masculinidad en ella. –Y tú eres una chica muy linda-
Diana pareció reírse de alguna broma privada al igual que Bill, supuse que por el intento directo de Tom por conquistarme. Sin quererlo, me sonrojé, pero me las arreglé como pude para no mostrar más señales de complacencia. No era muy profesional que digamos enamorarse instantáneamente de los hermanos de mis clientes.

-Un gusto- fue lo único que pude decir en consecuencia de lo apenada que estaba. Ángela notó el rubor de mis mejillas y me miró con extrañeza. Creo que era la primera vez que me veía actuar así con un hombre.
Extendí una mano para tomar la mano enorme de Tom, el pronto tomó mi mano entre las suyas con un gesto vertiginoso. Hubiera jurado que era prisa, pero no quería hacerme ilusiones demasiado pronto.

-Ahora largo de aquí Tom- dijo Bill ahuyentando a su coqueto y galante hermano. Me hubiera gustado que se quedara, pero eso no era posible- Dejémoslas hablar un poco-
La expresión de fastidio de Tom me divirtió, aunque traté de controlar mi risa para enfocarme en mi labor. Diana pareció mirar a Bill durante un segundo con desconcierto, pero pronto supo de qué se trataba todo esto.

-El quiere que todo salga a la perfección. Pero no te preocupes, él en verdad escogió todo, solo necesito tomar unas medidas- Diana nos llevó a una habitación y Ángela juntó competentemente todas las medidas que necesitábamos conocer para la elaboración del modelo.

Me sorprendí al mirar el cuaderno donde Ángela iba apuntando cada número cuidadosamente para no confundirnos después, ¿Cómo era posible que Bill solo fallara en las medidas de Diana por uno o dos centímetros? Me había tocado trabajar con otras celebridades, y lo más parecido que había visto en mi vida a esto era cuando un hombre pudo atinar al número de talla de calzado de su esposa. Al parecer Bill y Diana conocían cada detalle de hasta el más remoto rincón de sus cuerpos. Esto demostraba una unión increíble, de cualquier manera me parecía todo un detalle que él se hubiera encargado de vestirla a ella era algo novedoso que jamás había visto.

-El te conoce muy bien, ha atinado casi a todas tus medidas, se pasan solo por centímetros- sentí la necesidad de hacerle saber a Diana que me sentía anonadada por ver como los números fallaban por pequeñeces.
Caminé hacia la bolsa de estampado floral que traía conmigo y saqué la tela preliminar donde montaría un aproximado de cómo debía de hacer los cortes para que el vestido de Diana le quedara perfectamente a la medida.

–Esto sólo será una prueba- le aclaré. Aún no estaba decidida de que tela utilizaría para el vestido, pero eso se vería en éstos pocos días. Diana parecía bastante pensativa mientras se examinaba al espejo con la mirada perdida, me limité a poner los alfileres en su lugar para no interrumpir sus cavilaciones.
-Así que nos veremos en España-una vez acabado el trabajo Diana y yo nos despedimos brevemente. Creo que le caí bien, al igual que ella me había agradado a mí. Hacer su vestido iba a ser más fácil ya que la central de Kapricorino estaba exageradamente difundida en España más que en otro lugar en el mundo.

-Así es, justo ahí llegará tu vestido y el de tus madrinas, pero con ellas tendré antes una cita, así que creo que nos veremos en dos días en tierras canarias- Le guiñé un ojo, los modelos que Bill había escogido para sus hermanas políticas eran más que adorables y estaba segura de que les sentarían perfectamente por la forma en la que las describió.

-Wow- dije sencillamente en cuanto me quede hablando con Bill a solas.

-¿Wow qué?- preguntó sonriente.

-Tenías razón, el modelo le va a quedar precioso. Te juro que si pudiera la contrataba de modelo para la línea, pero creo que estará muy ocupada contigo próximamente.- Bill solo se limitó a mirarme a la cara mientras veía como yo sabía perfectamente sus intenciones con la tierna Diana. Era más que obvio que estaba loco por ella.


-Ella es preciosa- dijo Bill mirando a Diana sin que ella lo notara.

-Cuídala bien Bill, no todos los días se ve esta clase de compromiso incondicional- avancé hacia la puerta para retirarme de una vez. Bill parecía terriblemente ansioso por correr a los brazos de Diana, así que no lo entretuve más.- Nos veremos pronto-

-Gracias Harl, nos vemos-

-A ti te gustó Tom- me dijo Ángela con voz burlona mientras nos metíamos en la camioneta. Me puse los lentes obscuros que traía conmigo intentando ocultarlo.

-Cállate- le dije dirigiéndole al hogar de los Kaulitz una mirada más.

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